Cuál es el estado actual de los equipos de Flag Football en 2026.

Tocho Bandera

Hoy quiero hablar del diagnóstico inicial de por qué es tan difícil profesionalizar el flag fútbol y por qué tantos equipos terminan tronando, frustrándose o quedándose atorados en el mismo nivel año tras año. Todo empieza porque los equipos no están cobrando correctamente y no tienen una visión a largo plazo.
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¿CÓMO PROFESIONALIZAR EL FLAG FOOTBALL? DIAGNÓSTICO DEL TOCHO

Cuál es el estado actual de los equipos de Flag Football en 2026

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EN QUÉ CONSISTE


No existe una filosofía deportiva ni una cultura de programa. En Estados Unidos no ganan solo por tener talento, sino porque tienen sistemas, valores, roles, una misión clara y un plan anual. Aquí casi nadie tiene una estructura así. En lugar de construir procesos, muchos equipos están en un modo inmediato de “ganar ahora”, buscando a los mejores jugadores disponibles para ganar torneos sin desarrollar talento propio. Esto provoca que no exista lealtad a los equipos, que los jugadores se cambien de equipo a cada rato y que no haya identidad ni continuidad.

A esto se suma que todos quieren jugar, incluso los entrenadores. Muchos coaches prefieren mil veces jugar ellos mismos que invertir tiempo en entrenar a chicos más jóvenes, y además no hay una formación real de coaches: en México cualquiera puede ser coach sin certificación, sin pedagogía, sin ética deportiva y sin preparación emocional o académica. Esto impacta directamente en los atletas y en su desarrollo. Tampoco existe una planeación de temporada; aquí se entrena pensando en el torneo del sábado mientras que en Estados Unidos se entrena pensando meses por adelantado, con macrociclos, mesociclos y progresiones claras.

Muchos equipos tampoco tienen un esquema ni una administración de negocio. No hay claridad en cómo organizar entrenamientos, cómo planear temporadas, cómo manejar pagos, inscripciones, viajes o uniformes. El head coach suele hacerlo todo: cobrar, entrenar, manejar, diseñar jugadas, coordinar papás y además jugar. No hay roles formales dentro del staff y eso vuelve todo más frágil. Y los entrenamientos no están bien preparados. Existe favoritismo; solo ciertos jugadores pueden lanzar, correr o atrapar, mientras otros no pueden aprender todo. Todo depende de lo que “digan los entrenadores”. Esto provoca también las famosas sectas tocheras, equipos que giran alrededor de un líder carismático sin saber si esa persona está preparada emocionalmente, académicamente o éticamente para influenciar a los chicos que entrena.

A esto se suma la distancia entre coaches y padres de familia. Muchos papás quieren involucrarse, pero los entrenadores no saben cómo recibirlos, cómo comunicar o cómo integrarlos. Cuando no hay comunicación los papás creen que sus hijos no están avanzando ni desarrollándose, determinan que su hijo salga del equipo y esa deserción afecta económicamente a los entrenadores. Si hubiera una verdadera cultura y una filosofía programada, sería más fácil conectar con ellos y mantenerlos informados.

En el aspecto metodológico tampoco se utilizan métricas ni datos. No se mide asistencia, progresión, desempeño ni estadísticas reales. No hay análisis de video constante ni retroalimentación formal. La mayoría de las decisiones son intuitivas y no basadas en información.

Económicamente la situación es todavía más complicada. Muchos equipos ponen dinero de su propia bolsa: entrenadores con negocios pagan hoteles, gasolina y uniformes; otros incluso ponen dinero de su sueldo para el pastel de cumpleaños de un jugador. Es un modelo insostenible. Las únicas formas actuales de generar ingresos dentro del flag fútbol son las mensualidades, las inscripciones a torneos y la venta de jerseys y shorts cada vez que hay torneo. Es una ventana económica muy limitada que obliga a muchos equipos a intentar sumar más personas al roster para tener más mensualidades. Pero al integrar más personas necesitas más coaches, más logística y más estructura; y si no la tienes, todo empeora. Baja la calidad, aumentan los problemas y el desgaste emocional y operativo es cada vez mayor.

Además, falta visión empresarial. Un equipo debería verse como un micro negocio con marca, propuesta de valor, estructura de ingresos, programas de desarrollo, alianzas y una verdadera experiencia para jugadores y familias. Hoy la mayoría opera como un grupo de amigos que se junta a jugar sin ningún tipo de plan. Y a eso se suma que no se está aprovechando el boom internacional del flag. La NCAA ya lo convirtió en deporte oficial y rumbo a Juegos Olímpicos 2028 crecerá más que nunca. Es una oportunidad enorme, pero los equipos que no se profesionalicen van a quedar fuera de esa ola.

Todo esto sumado provoca que muchos equipos truenen. Truenan porque no están bien administrados, porque no hay estructura, porque no hay visión de negocio, ni de desarrollo humano ni deportivo, y porque todo se va parchando sobre la marcha. Mientras no haya procesos, roles, cultura, formación de coaches, planeación de temporada y una verdadera estrategia económica, los equipos seguirán enfrentando exactamente los mismos problemas año tras año.

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