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Programa Propedéutico Coach Junior Starter Flag Football es la puerta de entrada al camino de formación de Coaches de ATB para después obtener la Certificación Internacional de Coach de Flag Football. Está diseñado para quienes comienzan a entrenar un equipo y necesitan comprender, desde el principio, qué significa ocupar esta responsabilidad.
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CAPACITACIÓN
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CONTENIDO
MÓDULO 4 · MI PRIMER EQUIPO SEGURO.
Tener un equipo seguro no significa solamente evitar que un jugador se lastime durante un entrenamiento. La seguridad comienza mucho antes de una lesión o de una emergencia.
Un equipo seguro es un equipo en el que el Coach presta atención a las condiciones físicas del entrenamiento, pero también a la manera en que las personas se relacionan, se comunican y participan.
Desde el primer día, el jugador debe saber que puede acercarse al Coach cuando algo sucede. Puede decir que no entendió un ejercicio, que algo le duele, que necesita ayuda, que una situación le incomoda o que existe un problema con otro jugador.
Para un Junior Coach, comprender esto es fundamental porque la seguridad no es un momento específico dentro del entrenamiento. Es una condición que se construye durante toda la experiencia deportiva.
¿Qué significa tener un equipo seguro?
Cuando hablamos de seguridad dentro de un equipo de Flag Football Jr., debemos pensar en diferentes dimensiones que ocurren al mismo tiempo.
Está la seguridad física, relacionada con el espacio, el material, las condiciones de entrenamiento, el esfuerzo físico, las lesiones y la prevención de accidentes.
Está la seguridad psicológica, relacionada con la posibilidad de participar, preguntar, equivocarse y expresar una preocupación sin miedo a ser ridiculizado o castigado por hacerlo.
Está la seguridad emocional, relacionada con la manera en que se viven la presión, la frustración, los errores, las derrotas, los conflictos y otras situaciones que pueden afectar al jugador.
Y está la seguridad ética, relacionada con el respeto de los límites, la conducta adecuada de los adultos, la protección de los jugadores y el cumplimiento de las reglas y protocolos establecidos.
Estas dimensiones no funcionan por separado.
Un jugador puede estar físicamente dentro de una cancha perfectamente acondicionada y, sin embargo, no sentirse seguro para decir que algo le sucede.
Por eso, cuando el Coach piensa en seguridad, debe mirar más allá del campo.
La seguridad comienza antes de entrenar.
Antes de comenzar una sesión, el Coach debe revisar las condiciones básicas en las que se desarrollará la actividad.
Debe observar el campo.
Debe revisar que el espacio sea adecuado.
Debe verificar el material.
Debe considerar las condiciones ambientales.
Debe saber cuántos jugadores están presentes.
Debe identificar si existe alguna circunstancia que pueda modificar la manera de desarrollar la sesión.
No es necesario esperar a que ocurra un accidente para reconocer que una condición era insegura.
La prevención comienza con la observación.
Observar antes de actuar.
Un Coach principiante puede llegar al campo pensando únicamente:
“Hoy vamos a entrenar recepción.”
Pero antes de comenzar debe mirar el entorno.
¿El espacio está libre?
¿Hay objetos que puedan provocar una caída?
¿El terreno presenta alguna condición que deba atenderse?
¿El clima permite realizar normalmente la actividad?
¿Los jugadores están preparados?
¿El material está en buenas condiciones?
¿Hay algún jugador que manifieste una molestia?
Estas preguntas no necesitan convertirse en un procedimiento complicado.
Forman parte del criterio básico de un Coach responsable.
Seguridad no significa detener todo.
La seguridad tampoco significa que cualquier dificultad implique cancelar una actividad.
El Coach debe aprender a distinguir entre una situación normal de entrenamiento y una situación que requiere modificar, detener o escalar una actividad.
Por ejemplo, que un jugador se equivoque durante un ejercicio no es una emergencia.
Que un jugador se sienta cansado después de una actividad tampoco significa automáticamente que exista una situación grave.
Pero si un jugador manifiesta dolor, presenta una alteración evidente de su estado físico o existe una condición ambiental que representa un riesgo, el Coach debe actuar de acuerdo con los protocolos correspondientes.
La seguridad requiere criterio, no solamente reacción.
El jugador puede preguntar.
Uno de los primeros indicadores de un entorno seguro es algo aparentemente sencillo:
los jugadores preguntan.
Un jugador que no entiende puede decir:
“Coach, ¿qué tengo que hacer?”
Eso debe ser normal.
No debería sentir que preguntar demuestra que es malo.
Si el Coach responde con:
“¡Ya lo expliqué!”
puede conseguir que el jugador deje de preguntar.
Si responde:
“Claro. Vamos a verlo otra vez.”
está facilitando el aprendizaje y manteniendo abierta la comunicación.
Esto parece una diferencia pequeña, pero con el tiempo puede modificar completamente la cultura del equipo.
El jugador puede equivocarse.
El Flag Football es un deporte de aprendizaje.
Los jugadores van a fallar.
Van a lanzar mal.
Van a correr hacia el lugar equivocado.
Van a perder una recepción.
Van a olvidar una posición.
Van a dejar escapar una flag.
Van a cometer faltas.
El error es parte de la práctica.
Un entorno seguro no elimina la corrección.
Al contrario: permite corregir sin convertir el error en una experiencia de humillación.
El Coach debe poder decir:
“Eso no salió bien. Vamos a corregirlo.”
Sin transmitir:
“Tú eres el problema.”
La diferencia está en separar la conducta o ejecución que debe corregirse de la persona que está aprendiendo.
El jugador puede expresar una necesidad.
Un jugador puede necesitar algo que no estaba previsto.
Puede necesitar agua.
Puede sentirse cansado.
Puede tener una molestia.
Puede no comprender una instrucción.
Puede necesitar una pausa.
Puede sentirse incómodo con una situación.
El Coach no debe asumir automáticamente que la necesidad es una excusa.
Primero debe escuchar y valorar.
Esto no significa que el jugador tenga la última palabra sobre todas las decisiones del entrenamiento.
Significa que existe un canal de comunicación.
El jugador puede reportar una lesión.
Una de las reglas más importantes de una cultura de seguridad es que un jugador no debe sentir que tiene que ocultar una lesión para continuar jugando.
Un jugador puede pensar:
“Si digo que me duele, el Coach me va a sacar.”
O:
“Si paro, mis compañeros van a pensar que soy débil.”
Ese tipo de presión puede provocar que una situación empeore.
Por eso el Coach debe establecer desde el inicio una idea clara:
Informar una lesión o una molestia no es una falta de compromiso con el equipo.
La respuesta correcta ante una posible lesión debe seguir los protocolos ATB correspondientes y, cuando sea necesario, involucrar a la persona responsable de la atención.
El Junior Coach no debe intentar diagnosticar una lesión para la que no está preparado.
Su responsabilidad es reconocer, detener cuando corresponda, informar y solicitar el apoyo adecuado.
El jugador puede expresar que algo le incomoda.
No todas las situaciones de seguridad tienen que comenzar con una lesión.
Un jugador puede decir:
“No me gusta cómo me habla.”
“No quiero hacer ese ejercicio.”
“Ese compañero me está molestando.”
“Me siento incómodo.”
“Alguien me dijo algo que no me gustó.”
El Coach no debe responder automáticamente:
“No pasa nada.”
Primero debe escuchar.
No significa que la primera interpretación del jugador determine automáticamente que alguien cometió una falta.
Significa que la preocupación merece ser tomada en serio.
El Coach debe saber reconocer cuándo puede atender una situación básica y cuándo corresponde informar o escalarla conforme a los estándares y protocolos ATB.
Un equipo seguro no se construye diciendo una sola vez:
“Si tienen un problema, díganme.”
Se construye mediante las respuestas que el Coach da cada vez que alguien habla.
Si un jugador comunica una preocupación y el Coach se burla, probablemente otros jugadores dejarán de hablar.
Si un jugador comunica un problema y el Coach escucha, analiza y actúa responsablemente, se fortalece la confianza.
Por eso la seguridad también se construye respuesta por respuesta.
La comunicación del Coach.
La forma en que el Coach habla puede ayudar o perjudicar la seguridad del equipo.
No es lo mismo decir:
“Otra vez lo hiciste mal.”
que decir:
“Vamos a repetirlo. Mira dónde está el error.”
No es lo mismo:
“Deja de llorar.”
que:
“Tómate un momento y dime qué pasó.”
No es lo mismo:
“Si tienes miedo, salte.”
que:
“Vamos a revisar qué necesitas para poder hacerlo correctamente.”
La comunicación no elimina la exigencia.
La hace más efectiva.
Gritar no es automáticamente dirigir.
En un deporte puede ser necesario elevar la voz para que un jugador escuche una instrucción a distancia.
Eso es diferente de utilizar los gritos como una forma habitual de intimidación.
Un Coach puede decir:
“¡Alto!”
para detener una actividad.
Puede decir:
“¡Cambio!”
para organizar una transición.
Puede decir:
“¡Fuera!”
para alertar sobre una situación.
Eso es diferente de utilizar el volumen para humillar o generar miedo.
El Junior Coach debe comenzar a reconocer esa diferencia.
La corrección y la humillación no son lo mismo.
Corregir significa señalar algo que debe cambiar y ayudar al jugador a hacerlo.
Humillar significa utilizar el error para disminuir, ridiculizar o avergonzar a la persona.
Por ejemplo:
“No estás siguiendo la ruta que practicamos. Vamos a repetirla.”
es una corrección.
“Todos vean lo que hizo porque nunca aprende.”
es una humillación.
Ambas frases pueden surgir del mismo error.
Pero producen ambientes completamente diferentes.
La primera enseña.
La segunda deteriora.
Los compañeros también construyen seguridad.
La seguridad del equipo no depende exclusivamente del Coach.
Los jugadores también pueden crear un ambiente positivo o negativo.
Un equipo puede desarrollar una dinámica donde los compañeros se ayudan:
“Te faltó girar aquí.”
O puede desarrollar una dinámica donde se atacan:
“¡Qué malo eres!”
El Coach debe intervenir cuando las conductas entre jugadores empiezan a deteriorar el ambiente.
Una burla aislada no debe convertirse automáticamente en un conflicto mayor.
Pero tampoco debe permitirse que las burlas constantes se conviertan en la cultura del equipo.
Cuando un jugador se burla de otro.
Imaginemos que un jugador falla una recepción.
Otro se ríe y dice:
“Nunca atrapas una.”
Si esto se deja pasar repetidamente, el equipo aprende que esa conducta es aceptable.
El Coach puede intervenir:
“Aquí corregimos las jugadas, no humillamos a los compañeros.”
Después puede continuar el entrenamiento.
No siempre es necesario detener toda la práctica para dar una conferencia.
Lo importante es establecer claramente el límite.
Cuando la conducta se repite.
Si una conducta inapropiada continúa, el Coach debe dejar de tratarla como un incidente aislado.
Debe observar:
¿Quién está involucrado?
¿Qué está ocurriendo?
¿Con qué frecuencia?
¿A quién afecta?
¿Ya se había intervenido?
¿La conducta está aumentando?
¿Necesita apoyo de otra persona?
Esta capacidad de reconocer patrones es importante.
Un problema que se repite puede requerir una respuesta diferente a un incidente aislado.
El miedo al error.
Una señal importante puede aparecer cuando un jugador comienza a evitar participar.
Por ejemplo:
En entrenamiento todos deben intentar una ruta.
El jugador sabe que puede fallar.
Entonces decide quedarse atrás.
El Coach puede pensar:
“No quiere esforzarse.”
Pero también puede preguntarse:
“¿Qué está haciendo que este jugador no quiera intentarlo?”
La respuesta puede ser técnica, física, emocional o social.
Por eso observar es más útil que asumir.
La confianza no significa ausencia de disciplina.
Un entorno seguro no es un lugar donde cada jugador hace lo que quiere.
Un equipo necesita disciplina.
Necesita horarios.
Necesita reglas.
Necesita instrucciones.
Necesita límites.
La diferencia está en cómo se ejerce la autoridad.
Un Coach puede exigir puntualidad sin insultar.
Puede detener una conducta sin humillar.
Puede pedir concentración sin amenazar.
Puede establecer consecuencias sin convertirlas en una forma de venganza.
La disciplina y la seguridad pueden coexistir.
La seguridad también implica límites.
El Coach debe conocer sus propios límites.
No todo problema puede ser resuelto por él.
No toda situación debe ser manejada directamente por él.
No debe asumir funciones para las que no está preparado.
No debe realizar intervenciones médicas que correspondan a personal capacitado.
No debe investigar por su cuenta situaciones delicadas que deban ser reportadas mediante los canales establecidos.
No debe convertir una situación sensible en una conversación pública frente al equipo.
El sistema ATB existe precisamente para que el Coach no tenga que improvisar cuando una situación supera lo cotidiano.
¿Qué hago cuando algo parece estar mal?
El primer paso es no ignorarlo.
Si algo llama la atención del Coach, debe detenerse a observar y valorar la situación.
Después debe preguntarse:
¿Es una situación que puedo atender directamente dentro de mi función?
Si la respuesta es sí, puede intervenir de acuerdo con las reglas y procedimientos correspondientes.
Si no está seguro:
debe pedir orientación.
Y si existe una situación que corresponde a un protocolo de protección, seguridad, conducta o emergencia:
debe seguir el protocolo establecido.
El objetivo no es que el Junior Coach memorice todos los procedimientos.
En este nivel debe comenzar a comprender que los protocolos existen para evitar que las decisiones importantes dependan únicamente de la improvisación del Coach.
Seguridad durante el entrenamiento.
Durante una sesión, el Coach debe mantener una observación constante del entorno.
Debe saber:
Qué ejercicio está realizando el grupo.
Qué jugadores están participando.
Dónde están.
Qué material están utilizando.
Qué condiciones tiene el campo.
Qué intensidad tiene la actividad.
Qué está ocurriendo alrededor.
Esto no significa estar constantemente alarmado.
Significa estar presente.
Un Coach distraído puede no observar una condición que otro Coach atento detectaría antes de que se convierta en un problema.
Calentamiento y preparación.
La preparación física forma parte de la seguridad.
Antes de realizar actividades de mayor exigencia, los jugadores deben prepararse adecuadamente para la sesión de acuerdo con su edad, nivel y condiciones.
El calentamiento debe estar relacionado con la actividad que van a realizar.
No debe utilizarse como castigo.
Tampoco debe convertirse en una competencia innecesaria para ver quién aguanta más.
El objetivo es preparar al jugador para participar.
El desarrollo específico del calentamiento se trabajará posteriormente en el módulo correspondiente.
Hidratación.
La hidratación también forma parte de la organización segura del entrenamiento.
El Coach debe considerar:
Duración de la sesión.
Intensidad.
Temperatura.
Condiciones ambientales.
Edad de los jugadores.
Acceso al agua.
Un jugador no debería sentir que pedir agua significa que está fallando.
La hidratación forma parte de una práctica deportiva responsable.
El calor cambia las condiciones del entrenamiento.
Un entrenamiento que puede realizarse normalmente en determinadas condiciones puede requerir modificaciones cuando aumenta la temperatura.
El Coach debe observar a los jugadores y considerar las condiciones ambientales.
Si el grupo comienza a mostrar señales de agotamiento, malestar o dificultad para continuar, no debe interpretar automáticamente la situación como falta de esfuerzo.
La actividad puede necesitar una modificación.
La seguridad requiere adaptar la práctica a las condiciones reales.
Los descansos.
Descansar no significa perder tiempo.
El descanso puede permitir que el jugador recupere capacidad para continuar realizando correctamente una actividad.
Además, puede ser necesario para reorganizar el grupo, hidratarse, explicar una nueva actividad o atender una situación.
Un entrenamiento bien organizado no intenta mantener a los jugadores corriendo constantemente.
Busca utilizar el tiempo de manera efectiva.
Supervisión.
Los jugadores Junior necesitan supervisión.
El Coach debe saber dónde están sus jugadores y qué actividad están realizando.
No basta con explicar un ejercicio y después dejar de observar.
La supervisión permite detectar:
Errores técnicos.
Riesgos físicos.
Conflictos.
Conductas inapropiadas.
Jugadores que necesitan ayuda.
Situaciones que requieren detener una actividad.
La supervisión es una responsabilidad permanente durante la práctica.
El espacio alrededor de la cancha.
La seguridad no termina en las líneas del campo.
El Coach debe prestar atención a los espacios que rodean la zona de juego.
Debe evitar que existan objetos innecesarios en zonas donde puedan provocar accidentes.
También debe controlar que las actividades no invadan áreas donde existan personas u objetos que puedan representar un riesgo.
La organización del espacio es parte de la seguridad.
Cuando un jugador se cae.
Una caída no siempre significa una lesión grave.
Pero tampoco debe ignorarse automáticamente.
El Coach debe detenerse a valorar qué ocurrió.
Puede preguntar:
“¿Estás bien?”
Debe observar la respuesta y actuar según la situación.
Si existe una posible lesión, debe seguir el procedimiento correspondiente.
Lo importante es no continuar automáticamente como si nada hubiera sucedido solamente porque el entrenamiento necesita avanzar.
Cuando un jugador o jugadora dice “me duele”.
Esta frase debe ser tomada en serio.
El Coach no necesita diagnosticar.
No debe decir:
“No tienes nada.”
Tampoco:
“Aguanta.”
Debe valorar la situación de acuerdo con sus responsabilidades y con el protocolo correspondiente.
En caso necesario, debe retirar al jugador de la actividad y solicitar la atención adecuada.
El objetivo es evitar que una lesión o condición se agrave por continuar jugando.
Emergencias.
Una emergencia requiere una respuesta organizada.
El Junior Coach debe conocer que ATB cuenta con protocolos específicos para estas situaciones.
En este nivel no se pretende enseñar toda la intervención de emergencia.
Lo importante es comprender:
una emergencia no se improvisa.
El Coach debe saber a quién avisar, qué procedimiento corresponde y cómo mantener al grupo controlado mientras se atiende la situación.
Cuando una situación supera su preparación, debe solicitar inmediatamente el apoyo correspondiente.
Protección de los jugadores.
Cuando se trabaja con menores, la responsabilidad del Coach es especialmente importante.
Los jugadores dependen de los adultos responsables de la actividad para establecer límites adecuados y proteger el entorno deportivo.
Esto requiere actuar con prudencia en:
Comunicación.
Contacto físico.
Privacidad.
Correcciones.
Relación con familias.
Uso de imágenes.
Redes sociales.
Traslados.
Situaciones individuales.
Reporte de conductas inapropiadas.
El Junior Coach todavía no necesita estudiar a profundidad todos los protocolos de protección.
Pero sí debe comprender una idea fundamental:
La posición de Coach implica responsabilidad sobre el entorno en el que participan los jugadores.
El Coach no debe normalizar lo que está mal.
A veces una conducta problemática comienza de manera aparentemente pequeña.
Una burla.
Un apodo.
Un grito.
Una amenaza.
Un empujón.
Una humillación.
Un comentario inapropiado.
Si estas conductas se repiten y nadie interviene, pueden terminar formando parte de la cultura del equipo.
El Coach debe aprender a preguntarse:
“¿Esto que está ocurriendo es realmente algo que quiero que se convierta en normal dentro de mi equipo?”
Esa pregunta ayuda a prevenir.
Prevenir antes que reaccionar.
La prevención consiste en identificar situaciones antes de que se conviertan en problemas mayores.
Por ejemplo:
Si los jugadores no saben cómo utilizar correctamente el material, se explica antes de comenzar.
Si el campo tiene una condición de riesgo, se corrige antes de entrenar.
Si un jugador no entiende una actividad, se aclara antes de exigirle.
Si existe una conducta que puede convertirse en burla constante, se establece el límite desde el principio.
Si las familias no conocen las reglas de comunicación, se explican desde el inicio.
Prevenir muchas veces significa simplemente hacer claras las cosas antes de necesitarlas.
El Coach como factor de protección.
El Coach ocupa una posición particular dentro del equipo.
Es una persona adulta con autoridad.
Los jugadores lo observan.
Confían en él para dirigir el entrenamiento.
Por eso sus decisiones tienen peso.
Una palabra del Coach puede tranquilizar a un jugador.
También puede aumentar su miedo.
Una intervención puede detener una conducta inapropiada.
La ausencia de intervención también comunica algo.
Por eso el Coach debe comprender que su presencia puede contribuir a proteger el entorno.
No tiene que resolver todo.
Pero sí debe ver, escuchar, actuar dentro de sus responsabilidades y pedir ayuda cuando corresponda.
Cuando el Coach se equivoca.
La seguridad también incluye al propio Coach.
El Coach puede equivocarse.
Puede explicar mal un ejercicio.
Puede tomar una mala decisión.
Puede perder la paciencia.
Puede olvidar algo.
Reconocer un error no elimina su autoridad.
Por ejemplo:
“Me expliqué mal. Vamos a hacerlo otra vez.”
Eso puede fortalecer la confianza.
Incluso:
“Ayer les pedí algo de una manera que no fue correcta. Lo vamos a manejar de otra forma.”
muestra al equipo que la responsabilidad también aplica al adulto.
El primer estándar de mi equipo.
Desde el primer entrenamiento, el Coach puede transmitir una idea sencilla:
En este equipo la seguridad no es responsabilidad de una sola persona. Todos ayudamos a mantenerla.
Eso significa que los jugadores deben cuidar el espacio, respetar las reglas, informar cuando algo sucede y tratar correctamente a los demás.
El Coach dirige y tiene una responsabilidad mayor, pero la cultura se construye entre todos.
Una situación cotidiana
Imaginemos que durante un entrenamiento un jugador falla una recepción.
Dos compañeros comienzan a reírse.
El jugador baja la cabeza y deja de intentarlo.
El Coach tiene varias opciones.
Puede ignorarlo.
Puede gritarles.
Puede castigar a todo el grupo.
O puede intervenir de manera clara:
“Aquí podemos equivocarnos. No nos burlamos de un compañero por aprender.”
Después puede volver a la actividad.
Si la conducta continúa, tendrá que intervenir nuevamente y, dependiendo de la situación, aplicar las medidas correspondientes.
La clave está en que el Coach no permitió que una conducta que deteriora la seguridad se convirtiera en parte normal del equipo.
Otra situación.
Hace mucho calor.
El entrenamiento lleva más de una hora.
Varios jugadores están cansados.
Uno dice:
“Coach, me siento mal.”
La respuesta no debe ser:
“Todos estamos cansados, aguanta.”
El Coach debe detenerse a valorar la situación, considerar las condiciones ambientales y actuar conforme a las medidas de seguridad correspondientes.
Tal vez sea necesario hidratarse.
Tal vez reducir la intensidad.
Tal vez modificar el ejercicio.
Tal vez retirar al jugador.
La decisión dependerá de la situación.
Lo importante es que el Coach no ignore una señal de alerta solamente para completar el entrenamiento planeado.
Una tercera situación.
Un jugador se acerca al Coach después del entrenamiento y dice:
“Coach, hay algo que me incomoda y no sé si debería decirlo.”
Este momento es importante.
La primera respuesta del Coach puede determinar si ese jugador volverá a hablar.
Una respuesta adecuada comienza escuchando.
No hace falta prometer inmediatamente una solución.
Tampoco conviene hacer preguntas innecesarias frente a otros jugadores.
El Coach debe mantener la situación dentro de los límites de su función y, cuando corresponda, utilizar los canales y protocolos ATB establecidos.
Lo que debe recordar un Junior Coach.
Un equipo seguro no es un equipo donde nunca ocurre ningún problema.
Es un equipo donde los problemas pueden detectarse, comunicarse y atenderse antes de que se conviertan en algo mayor.
El Junior Coach debe comenzar a desarrollar esa mirada.
Debe aprender a observar.
Debe escuchar.
Debe reconocer señales.
Debe respetar sus límites.
Debe conocer que existen estándares y protocolos.
Debe saber cuándo intervenir.
Y debe saber cuándo pedir ayuda.
Lo que todavía no corresponde al Junior Coach.
En este nivel no se pretende formar al participante como especialista en:
Gestión profesional de riesgos.
Intervención psicológica.
Atención médica.
Investigación de incidentes.
Gestión avanzada de casos.
Protocolos profesionales completos de protección.
Evaluación especializada de riesgos psicosociales.
Gestión institucional de denuncias.
Investigación de conductas.
Aplicación avanzada del Sistema ATB de Estándares y Protocolos.
Esos contenidos corresponden a niveles posteriores de formación.
El Junior Coach necesita primero reconocer el entorno, comprender su responsabilidad y actuar correctamente ante situaciones básicas.
Un equipo seguro se construye todos los días.
La seguridad no se enseña únicamente en una clase.
Se demuestra cuando el Coach recibe a los jugadores.
Cuando prepara el campo.
Cuando organiza el entrenamiento.
Cuando corrige.
Cuando escucha.
Cuando detiene una actividad.
Cuando responde ante una lesión.
Cuando establece un límite.
Cuando habla con una familia.
Cuando reconoce que necesita ayuda.
Cada una de esas decisiones construye el entorno del equipo.
Por eso, ser un Coach seguro no significa memorizar una lista de reglas.
Significa desarrollar una forma responsable de mirar y dirigir el deporte.
El primer equipo seguro.
Cuando un jugador llega por primera vez a un equipo, debería encontrar un lugar donde pueda aprender el deporte sin tener que elegir entre aprender y sentirse seguro.
Debe poder intentar.
Debe poder equivocarse.
Debe poder preguntar.
Debe poder mejorar.
Debe poder competir.
Debe poder decir cuando algo sucede.
Y debe encontrar adultos que comprendan la responsabilidad que implica dirigir un equipo de menores.
Ese es el punto de partida de un equipo seguro.
Y para el Junior Coach, la idea central que debe permanecer es sencilla:
La seguridad no comienza cuando ocurre un problema. Comienza con la manera en que construimos el equipo desde el primer día.
Programa Propedéutico Coach Junior Starter Flag Football es la puerta de entrada al camino de formación de Coaches de ATB para después obtener la Certificación Internacional de Coach de Flag Football.


