Libro El Lado Oscuro del Flag Football en México Mejores libros Tocho Bandera.

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El libro El lado Oscuro del Flag Football Tocho Bandera en México escrito por Francisco Del Olmo Díaz Castillo representante de la Asociación Tochito Bandera (ATB) y Universidad del Flag Football (UFLAG). Es un trabajo que busca profesionalizar el Flag Football en México en un primer libro exponiendo la problemática de un deporte en crecimiento que ha desbordado instituciones y provocado grandes vacíos que afectan a jugadores. jugadoras y familias principalmente.
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ASOCIACIÓN TOCHITO BANDERA (ATB).

Libro El Lado Oscuro del Flag Football en México Mejores libros Tocho Bandera

UNIVERSIDAD DEL FLAG FOOTBALL (UFLAG).

EN QUÉ CONSISTE

Este libro no fue escrito para explicar el flag football, ni para hacerlo ver mejor o peor. Fue escrito para nombrar patrones que hoy están normalizados y que, por repetirse sin cuestionarse, se volvieron invisibles. El problema no es que existan errores; el problema es que el sistema aprendió a convivir con ellos.

El flag football creció rápido, demasiado rápido para el nivel de estructura que desarrolló. Creció en número de equipos, ligas, torneos y entrenadores, pero no en estándares, responsabilidades ni mecanismos de cuidado. Nadie decidió explícitamente no proteger; simplemente nadie se hizo cargo. Ese diseño por omisión permitió que todos operaran, cobraran y dirigieran, sin que alguien respondiera cuando algo salía mal. El sistema se sostuvo bajo una lógica peligrosa: si siempre ha funcionado así, entonces debe estar bien.

En ese contexto, el riesgo dejó de verse como un problema y pasó a formar parte del paisaje. La idea de que “no es un deporte de contacto” se convirtió en una anestesia moral que permitió minimizar lesiones, sobrecargas, reincorporaciones prematuras y daños emocionales. Se improvisaron decisiones, se reaccionó tarde y se normalizó la ausencia de protocolos. El riesgo no desapareció; simplemente dejó de nombrarse.

La improvisación dejó de ser una etapa y se convirtió en el modelo operativo. Entrenamientos sin metodología, sin planeación, sin criterios claros de carga, sin conocimientos básicos de primeros auxilios ni registros mínimos. Decisiones tomadas sobre la marcha, no por mala fe, sino porque nunca se exigió algo distinto. Cuando improvisar es lo normal, nadie siente que está fallando.

A esto se sumó una herencia cultural tomada del fútbol americano equipado, donde se replicó la dureza, pero no la estructura que la sostiene. Se normalizó el sufrimiento, el aguante, el silencio, la jerarquía rígida y el grito como forma de liderazgo. La disciplina se confundió con miedo y la exigencia con violencia emocional. El flag adoptó formas que no le pertenecen, sin detenerse a preguntarse si eran compatibles con su naturaleza.

El problema se profundizó porque el flag football nunca terminó de definirse a sí mismo. Se explicó por negación, como “fútbol americano sin contacto”, pero nunca construyó una ética propia, una pedagogía clara ni estándares acordes a lo que realmente es. Ese vacío fue ocupado por egos, liderazgos incompatibles y prácticas que se sostienen más por poder que por formación.

En muchos equipos, el deporte dejó de ser un espacio de desarrollo y se convirtió en un mecanismo de control. Se confundió autoridad con poder, liderazgo con carisma y cercanía con dependencia emocional. Se premiaron favoritismos, se castigó para controlar y se generaron dinámicas donde cuestionar significaba perder pertenencia.

Todo esto ocurre porque, en algún punto, los adultos renunciaron al deber de cuidado. Las buenas intenciones se usaron como sustituto de la responsabilidad. El “no saber” se volvió una excusa permanente para entrenar menores sin preparación mínima, invisibilizar el daño emocional y trasladar la culpa a jugadores o familias. Permanecer sin aprender se volvió aceptable.

El sistema permitió que entrenadores enseñaran técnica sin aprender a cuidar. Sin formación pedagógica, sin comprensión de la infancia y la adolescencia, sin herramientas para identificar riesgos psicosociales y, muchas veces, con resistencia a capacitarse. La experiencia se confundió con competencia y el ego se volvió una barrera para mejorar.

Frente a todo esto, el silencio jugó un papel central. Entrenadores que saben y callan, ligas que bloquean, instituciones que protegen el statu quo. El miedo a las represalias y la normalización del “no te metas” sostuvieron prácticas que, vistas con distancia, nunca debieron ser normales. El silencio no fue neutral; fue cómplice.
Las ligas y asociaciones, enfocadas en operar y crecer, priorizaron la administración sobre el cuidado. Sin estándares obligatorios, sin rendición de cuentas y con una resistencia clara a profesionalizar. Se permitió crecer sin regular, porque regular implica perder control.

Mientras tanto, padres y madres delegaron autoridad sin herramientas para preguntar. Confiaron porque nadie les enseñó qué observar, qué cuestionar o qué límites son sanos. El resultado fue una falsa confianza que normalizó prácticas dañinas bajo el discurso de la disciplina y el carácter.

En ese sistema, los jugadores quedaron como el eslabón más vulnerable. Obedecer, aguantar y callar se volvió parte del aprendizaje. La pertenencia se volvió condicionada, el maltrato se normalizó, aparecieron abandonos deportivos y se enseñaron valores dentro de entornos inseguros.

Todo esto se sostuvo, además, porque el deporte empezó a operar como negocio sin asumir la responsabilidad que eso implica. Se cobraron cuotas como empresa, pero se protegió como hobby. Sin seguros claros, sin claridad legal y sin rendición de cuentas real. El riesgo fue ignorado porque reconocerlo implicaba cambiar.
La falta de certificación y de estándares mínimos permitió que cualquiera pudiera entrenar. No exigir formación se volvió conveniente. Profesionalizar se percibió como amenaza y el caos se normalizó como parte del ecosistema.

Este libro existe para romper esa inercia. Para afirmar que cuidar también es entrenar, que la prevención no es exageración y que profesionalizar no es atacar al deporte, sino hacerlo sostenible. La solución no está en señalar personas, sino en cambiar estructuras. Y eso empieza por aprender a ver los patrones que durante demasiado tiempo se decidieron ignorar.

Asociación Tochito Bandera (ATB) y Universidad del Flag Football (UFLAG). Somos el hogar del Flag Football Tocho Bandera en América Latina. Conectamos jugadores con equipos, ofrecemos guías de aprendizaje, noticias, directorios de ligas, calendarios de eventos y torneos. Promovemos la pasión por el tocho.

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